Blai llego a nuestras vidas por accidente, un amiguete, también perdido en el tiempo, aunque no lo lamento por que era bastante capullo, recogió un cachorrito de unos jardines de Barcelona, al parecer de dos hermanos uno había aparecido en las fauces de un perro, el otro era tan cariñoso que no pudo resistirse a acogerlo. Al poco tiempo el amiguete nos pidió que le guardásemos al gatito un par de días por que debía irse con su novia de fin de semana, 
debía ir de meditación con alguna secta o alguna estupidez parapsicológica, quizás a ver ovnis y con suerte lo abdujeron. El caso es que no volvió a por él, pero enseguida se ganó nuestros corazones.
Le llamamos Blai (que es Blas en catalán), es muy muy cariñoso y muy muy pesao. Hasta su llegada dormíamos con la habitación abierta y dormían todos los gatos con nosotros, cuando llegó Blai tuvimos que cerrar la puerta, no nos dejaba dormir, se pasaba la noche intentando meterse debajo de las sabanas, ronroneando como un loco y dándonos cabezazos o lamiéndonos el pelo. Es un gato que adora que lo cojan en brazos, si lo cojes te da besos en la nariz y te acaricia la cara con la pata, si le dejas duerme debajo de la sabana, a tus pies. Si estas de pie y lo llamas dando palmadas en las rodillas, salta a tus brazos, además es así con cualquiera que venga a casa, mucha gente que ha venido a recoger un cachorro ha querido llevárselo. Nunca ha mordido, arañado o soltado un bufido, es más que bueno, es tonto, solo saca el mal carácter con los demás felinos, si por un casual lo molestas, tirándole de la cola suavemente, cosa que le fastidia enormemente, aguantará un rato, al final muy enfurruñado se irá, y entonces si algún pobre gato se cruza en su camino recibe toda su furia en forma de zarpazos y algún mordisco.
Se ha escapado varias veces de casa, para conseguirlo se queda agazapado detrás de una puerta esperando a que la abras, en cuanto hay un pequeño resquicio, salta como un resorte y desaparece, ahora ya lo tenemos controlado, pero una vez se escapo a la calle y nos dio un buen susto, vivíamos en una primera planta de una vivienda de 2 pisos, no sabemos como, consiguió escaparse a la calle, al rato de buscarlo apareció tumbado en el jardín del vecino, me acerque a la puerta y lo llame insistentemente, 'Blai, blai... blasete...' ni caso, desde la verja del vecino casi rozaba su cola con la punta de los dedos, 'blasete, ven, corre, toma...' como quien no quiere se acercó, al tener la punta de su cola en la mano, la cerré de golpe y tiré con fuerza, 'te pillé, granuja...'. 
Más tarde vivíamos en una planta baja de un bloque de pisos, teníamos un inmenso patio de 70 m2 y al principio todos los gatos tenían miedo de salir, el patio daba al dormitorio por una ventana y al salón por una enorme puerta corredera de cristal, así que el 'valiente' Blai se tumbaba en el alfeizar de la ventana abierta a observar el patio con recelo, entonces ocurrió el desastre, se cayo al patio, al verse allí solo se asusto muchísimo y corrió al centro del patio, buscó una escapatoria y entonces me vio a mi dentro del salón, 'salvado' pensó, echo a correr lo más rápido posible y al llegar a la puerta saltó para meterse en casa, lo que no pensó el borrico es que la puerta estaba cerrada, el ruido fue estremecedor, me asusté muchísimo, pensé que se había partido el cuello, al final lo rescaté algo aturdido, y en cuanto vi que estaba perfectamente empecé a troncharme de la risa. Con estos antecedentes, nuestro siguiente hogar fue un 4 piso de 210 m2, con una vivienda por planta y la nuestra era la última, pues lo mismo de siempre, Marta: 'Has visto a Blai?' yo: 'pues hace rato que no', así que empezamos a buscarlo, el piso era grande, pero nuestros muebles escasos, así que enseguida habíamos registrado todo sin ningún resultado, buscamos en las terrazas, los baños, los armarios, finalmente asustados, lo fuimos a buscar por las escaleras, lo buscamos incluso en un jardín que tenían los propietarios del piso por si había caído desde la terraza, pensábamos encontrarlo aplastado en el césped, pero no, tampoco estaba allí... después de 2 horas de búsqueda, empezamos a registrar a fondo y por fin encontré a Blai aquí:
Se había metido en un altillo de un armario, dentro de una caja y la caja con la tapa puesta, además una caja de zapatos que no es muy grande, y el tío allí metido tan tranquilo, lo habíamos llamado y había pasado totalmente de nosotros.
Cuando llegó Laia temimos que el pobre Blai tuviera un ataque de celos, pero que va, es un buenazo y Laia lo tiene martirizado:
En fin, que si venís a casa no olvidéis darle unos mimos a Blai, el estará encantado y a vosotros os sorprenderá.
viernes, febrero 15, 2008
Blai (Nuestros gatos)
Publicado por
GatoWeb
en
11:30 a.m.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



3 comentarios:
Con la actitud que tiene, parece más un perro que un gato.
Yo hace pocos días que tengo un cachorro en casa, así que me he pasado al bando de los perros :)
Pues es lo que les ocurre a todos, vienen muchas parejas a buscar un cachorro, normalmente la chica es la que quiere el gato, y el chico siempre prefiere un perro... hasta que conoce a nuestros gatos, en la mayoria de casos la preferencia cambia, piensa que el gato es la mascota del futuro, respecto al perro todo son ventajas, más limpio, no tienes que sacarlo a pasear, menos escandaloso, menos destructivo, menos problemas con parasitos pulgas y demás, e igual de cariñosos, o casi, en el caso del British Shorthair, en fin, todo ventajas...
Me ha encantado la historia de Blai :) ¡Qué gato más guapo y cariñoso! Supongo que agradecido porque lo cuidáis mucho también, ¿no? Bueno, está demostrado que si a un gato le das amor, él te puedo dar el triple.
Saludos,
Tanakil.
Publicar un comentario en la entrada